Una armoniosa convivencia entre vecinos que conforma una comunidad es un reto que se vive día a día.

Pues, se deben poner en práctica valores como el respeto, la tolerancia y la solidaridad, para lograr comprender las acciones de cada persona que conforma dicha comunidad. Por ello, desde un inicio se plasman reglamentos y normativas internas para indicar los derechos y deberes que se deben cumplir para asegurar las relaciones entre ellos y garantizar las condiciones adecuadas de habitabilidad.

Pero, cuando existe un eslabón de esta cadena que no se adapta a las reglas establecidas, comienzan los problemas en todo el sistema. Ya que, sus acciones afectan la estabilidad del conjunto generando conflictos en la convivencia.

Ante esta situación se sugiere plantear la problemática en las sesiones vecinales de la administración del edificio o la comunidad, para que se produzca un llamado de atención al vecino conflictivo, de forma verbal o escrita, recordándole nuevamente las normativas del lugar para crear conciencia y generar un cese de los comportamientos molestos y nocivos que afectan directamente la armonía en la comunidad.

En su mayoría, las acciones que realizan los vecinos conflictivos se relacionan a la emisión de ruidos, ya sea por la colocación de música en alto volumen, golpes en pisos y paredes, desplazamientos de objetos, gritos, etc., y daños causados en áreas comunes, entre otras. Posteriormente, si persiste este tipo de comportamientos, se debe proceder a las sanciones y multas para ejercer mayor presión al cambio de conducta.

En este caso, de no haberse logrado los resultados deseados, se debe acudir a instancias mayores como centros o comité de convivencia ciudadana o algún organismo afín para intentar una conciliación entre el o los vecinos conflictos y los afectados, donde ambas partes son citadas para exponer sus alegatos y buscar las soluciones.

¿Y si no funciona ninguna de estas medidas?

Por último, si ninguna de estas medidas logra modificar la problemática, se debe imponer una demanda ante la jurisdicción ordinaria civil, planteando el caso y exponiendo las peticiones que se requieran.

Ante este escenario, ambas partes deben presentar pruebas para darle mayor solidez jurídica al hecho, buscando apoyo en registros fotográficos, audiovisuales, etc., así como también tener testigos que puedan aseverar dichos alegatos expuestos.

Siempre la mejor recomendación será buscar una solución interna por medio de la conciliación entre la misma comunidad, debido a todos los procesos burocráticos y tediosos tramites, sin embargo, existen casos que sobrepasan todos los límites establecidos y ameritan la intervención de algún organismo gubernamental, lo que conlleva a una mayor inversión de tiempo y dinero, como también las continuas tensiones entre las relaciones vecinales que complican aún más la convivencia.

¿Que sentencias se establecen en estos casos?

Las sentencias que se les pueden imponer ante estos casos varían según los daños causados, destacándose el cese del comportamiento nocivo y molesto, la indemnización por daños y perjuicios, pago de las costas procesales y hasta la privativa del derecho de uso del inmueble por un tiempo determinadoSi fuese el caso que los vecinos conflictivos no son propietarios del inmueble, sino inquilinos, las acciones toman el mismo rumbo, pero con la notificación al propietario, el cual puede suspender el contrato de arrendamiento si así lo establece la sentencia judicial.

Por ello, tanto propietarios como inquilinos están sujetos a las legislaciones y normativas establecidas, para que se cree así un adecuado ambiente para la convivencia ciudadana, basado en los valores humanos elementales.